Este jueves 1 de octubre, el gobierno etíope clausuró su embajada en Asmara y declaró personas non gratas a 10 diplomáticos de Eritrea. Entre ellos estaban el encargado de negocios y funcionarios acreditados ante la Unión Africana, que recibieron 48 horas para abandonar el país. Eritrea contestó rompiendo todas las relaciones diplomáticas con su vecino.
Democracy Now! lo describe como el choque más serio entre ambos gobiernos desde el pacto de paz de 2018. Coincide con la expansión, por tres regiones del norte, de los combates entre el ejército federal y una alianza rebelde liderada por el Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF); por primera vez, apunta Al Jazeera, esos combates parecen llegar hasta la capital.
La situación es extremadamente tensa y bastaría una chispa para provocar un incendio que podría envolver a Etiopía y Eritrea, así como al vecino Sudán
Lo que cada gobierno alega
El gobierno de Abiy Ahmed explicó su decisión por actos directos e indirectos de hostilidad y beligerancia de parte de Eritrea, a la que acusa de armar y apoyar a los rebeldes tigriños. A los diplomáticos les imputó actividades que, dijo, suponen una amenaza directa a la seguridad nacional.
La cancillería eritrea tachó las medidas de «actos hostiles injustificados» y habló de una «persistente agenda hostil» de Etiopía. Acusó además a Addis Abeba de dar alojamiento, entrenamiento y armas a grupos opositores eritreos. Su comunicado cerró así, según Middle East Monitor: «En las circunstancias actuales, Eritrea no tiene más opción que responder en los mismos términos y romper todas las relaciones diplomáticas con Etiopía».
Explosión en Defensa y drones atribuidos al TPLF
Ese mismo jueves estalló algo en el Ministerio de Defensa, en Addis Abeba. Una fuente diplomática que habló con la agencia AFP juzgó probable que la causa fueran drones pequeños, de acuerdo con Al Jazeera. Otra fuente, vinculada al TPLF, reivindicó en nombre del grupo ataques con drones cerca del cuartel general del ejército y en otros puntos de la ciudad; el dato es de Reuters, citado por Democracy Now. Una semana antes, el TPLF había reanudado sus ofensivas contra las tropas del gobierno, algo que no hacía desde el cese al fuego de 2022 con el que terminó la guerra civil.
La coalición insurgente se llama Alianza de Fuerzas Populares Etíopes por la Supervivencia y pelea en Tigray, Amhara y Afar. Mohammed Taha Tawakel, jefe de la oficina de Al Jazeera en Etiopía, relató que las fuerzas leales al gobierno federal avanzaron de manera notable en Tigray: tienen bajo control varias localidades y se aproximan a Mekele, capital de la región. Un grupo armado aliado del gobierno aseguró el jueves que retomó la ciudad de Erebti, en Afar. De acuerdo con Tawakel, los insurgentes conservan, en sus palabras, un «sólido vínculo de retaguardia con Eritrea» sobre la frontera.
Una anexión, dos guerras y un pacto roto
Etiopía anexó Eritrea en 1962. Cuando esta se independizó, en 1993, el país más poblado del Cuerno de África perdió su salida al mar. Entre mayo de 1998 y junio de 2000 los dos Estados pelearon por la aldea de Badme en una guerra fronteriza que dejó decenas de miles de muertos. En diciembre de 2000, los Acuerdos de Argel mandaron el diferendo a arbitraje; en abril de 2002, una comisión de límites otorgó Badme a Eritrea, resolución que Etiopía rehusó cumplir.
En julio de 2018 vino el deshielo. Abiy, que acababa de asumir el poder, y el presidente eritreo, Isaias Afwerki, suscribieron en Asmara una declaración que dio por terminado el estado de guerra, y ese acercamiento le valió a Abiy el Premio Nobel de la Paz de 2019. Dos años después, soldados eritreos pelearon junto al ejército federal contra el TPLF en la guerra de Tigray (2020-2022), que cobró cientos de miles de vidas. El Acuerdo de Pretoria, que cerró ese conflicto, lo firmaron el 2 de noviembre de 2022 el gobierno etíope y el TPLF, con la Unión Africana como mediadora. Eritrea había participado en los combates, pero no en la negociación.
La relación se fue deteriorando a partir de entonces. Abiy empezó a defender el derecho de Etiopía a tener una salida al mar, algo que en Asmara se lee como una amenaza territorial, de acuerdo con Al Jazeera.
Egipto y Sudán, los otros focos
En otro frente, Etiopía y Egipto se han expulsado diplomáticos mutuamente por la disputa en torno a la Gran Presa del Renacimiento Etíope, construida sobre el Nilo Azul e inaugurada en septiembre de 2025.
Al oeste, Sudán vive una guerra desde el 15 de abril de 2023. Enfrenta a las Fuerzas Armadas del general Abdel Fattah al Burhan con las Fuerzas de Apoyo Rápido de Mohamed Hamdan Dagalo, apodado Hemedti, y ha desplazado a millones de personas). Ahmed Soliman, investigador sénior del Programa de África de Chatham House, declaró a Al Jazeera: «Los conflictos en Etiopía y Sudán se han vuelto más interconectados, con el gobierno etíope y las Fuerzas Armadas Sudanesas acusándose mutuamente de dar refugio y equipar a las respectivas fuerzas opositoras».
Laura Hammond, profesora de estudios del desarrollo en SOAS, Universidad de Londres, dijo a Al Jazeera que los riesgos de contagio a otros países «ya se están materializando». Martin Plaut, analista del Cuerno de África, también habló con Al Jazeera: «La situación es extremadamente tensa y bastaría una chispa para provocar un incendio que podría envolver a Etiopía y Eritrea, así como al vecino Sudán».
Plazos y avances por vigilar
Las 48 horas de plazo para los diplomáticos eritreos se cumplen el sábado 3 de octubre. Por otro lado, de acuerdo con Al Jazeera, las fuerzas leales al gobierno siguen su marcha hacia Mekele. Entre Egipto y Etiopía, por ahora, el intercambio de expulsiones de diplomáticos es lo único que se ha producido.
